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Edición especial, Diciembre, 2001 Planificación Familiar Para que las usuarias de planificación familiar (PF) puedan tomar decisiones informadas respecto de los métodos anticonceptivos, los proveedores necesitan determinar qué desean sus pacientes y ofrecerles una selección adecuada; más aún, deben proporcionarles información detallada sobre los posibles efectos secundarios de los métodos e indicarles cómo usar el de su elección. Se ha demostrado que en varios países, incluyendo Perú, no siempre se cumple con estos requerimientos. Los proveedores de PF de áreas urbanas afirman que la sobrecarga de trabajo obliga a que las sesiones de consejería sean breves, lo que les impide dar a las mujeres información completa. Investigadores del Population Council, encabezados por Federico León, pusieron a prueba este argumento al examinar, con mujeres entrenadas para actuar como usuarias, el intercambio de información que ocurre en clínicas peruanas. Los investigadores estudiaron 19 grandes centros urbanos de salud, seleccionados aleatoriamente. Seis usuarias simuladas, entrenadas para el estudio, visitaron cada clínica en días diferentes; eran 28 mujeres sanas, de 20 a 30 años de edad, que habían tenido un hijo previamente. Se les entrenó para que tuvieran el perfil de las pacientes de los centros de salud. Cuando se les preguntaba sobre sus intenciones reproductivas, respondían que deseaban posponer el embarazo. Al preguntarles si eran usuarias de anticoncepción, respondían que utilizaban el ritmo pero que no se sentían seguras con el método y que deseaban cambiarlo. Asimismo, recibieron instrucciones para decir que no querían tomar anticonceptivos orales ni que se les colocara un dispositivo intrauterino. Afirmaban que sus esposos no estarían de acuerdo en usar condones habitualmente. Se instruyó a estas usuarias simuladas para que eligieran el anticonceptivo inyectable Depo-Provera y para que asumieran las características de mujeres sanas para quienes el uso de dicho anticonceptivo no estuviera contraindicado. Si el proveedor daba señales de estar listo para administrar la inyección, la mujer decía que primero lo discutiría con su esposo, daría las gracias y se iría. Después de su visita, estas mujeres documentaron su encuentro con el proveedor, especificando si había habido intercambio de información respecto de 46 temas, que incluían desde preguntar su edad hasta decirle que el Depo-Provera podría ocasionarle irregularidades menstruales. Asimismo, calcularon el tiempo que habían pasado con el proveedor y anotaron otras observaciones. La evaluación reveló que en más de 90% de los casos los proveedores preguntaban a la mujer su edad, número de hijos y la última fecha de su menstruación; pedían que seleccionara un método, y le decían que Depo- Provera se administra cada tres meses. Pero en menos de 10% de los casos les preguntaban si deseaban tener más hijos, hacían exámenes pélvicos, ofrecían información específica sobre el momento de aplicación de Depo-Provera, o indagaban sobre sus patrones de sangrado menstrual. Los proveedores no utilizaban el tiempo de manera eficiente. En 64% de los casos hablaban ampliamente del condón, a pesar de que la mujer no había expresado que le interesaba ese método. “Los proveedores deberían ser más prácticos al evaluar las necesidades de las pacientes y al ayudarles a escoger métodos adecuados”, dice León. “También deberían hablar más detalladamente del método que ellas elijan”. El estudio reveló que en sesiones de consejería de ocho minutos o menos, los proveedores intercambiaban información con las pacientes sobre aproximadamente 14 de 46 temas. Cuando las sesiones duraban de nueve a 14 minutos, los proveedores intercambiaban información sobre unos 19 temas, un incremento estadísticamente significativo. Mayores incrementos en la duración de las sesiones no se asociaron con mejorías en el intercambio de información. “Aunque las sesiones muy breves limitan el intercambio de información, parece ser que la eficacia del intercambio disminuye cuando las sesiones duran más de 14 minutos. Se requiere hacer cambios en la estrategia de consejería”, explica León. Los investigadores observaron que la mayoría de los proveedores dedicaban demasiado tiempo a mostrar a sus pacientes un rotafolio con todos los métodos anticonceptivos disponibles. Aunque es correcto proporcionar un rango amplio de anticonceptivos, es también esencial informar a las mujeres en forma detallada acerca de los efectos secundarios y la forma de usar el método de su elección. Al final del estudio, se propuso a los proveedores que exploraran las creencias y actitudes de las mujeres y sus parejas que fueran relevantes para el uso de métodos de PF, para enfocarse en el rango de métodos pertinentes a la situación específica. El tiempo que se ahorraría al no describir métodos inadecuados se podría emplear para abordar temas importantes relacionados con el método elegido. Fuente Patrocinadores externos | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||